Al partir el pan(Por: Fray Héctor Herrera).- Miles de personas damnificadas en Perú y en Colombia. Lo han perdido todo, aún vidas humanas. No han perdido la fe y la esperanza. Los pobres luchan porque descubren una luz de esperanza en Jesús. Se hacen más solidarios y comparten la reconstrucción de sus pueblos. ESCUCHAR AUDIO

Lc 24,13-35 nos narra que los discípulos de Emaús, caminaban de Jerusalén, el centro de los acontecimientos donde los poderosos, les habían arrebatado la esperanza, matando a Jesús, como quizás hoy nosotros podemos tener la misma experiencia de una fe débil, cuando los poderosos utilizan todos los medios para quebrar la solidaridad, la transparencia, la organización que surja en el pueblo. Jesús sale a nuestro encuentro, como se acercó a Cleofás y a su compañero, quienes se habían apartado del grupo de los creyentes y se iban tristes. El buen Maestro nos dice, como a los de Emaús: ¡Qué necios y torpes son ustedes para creer lo que anunciaron los profetas! (v.25). Jesús, el compañero de camino, nos va abriendo la inteligencia poco a poco, a través de la Sagrada Escritura. El Mesías tenía que padecer, ser muerto y volver a la vida. El mensaje central es Jesús ha muerto y ha resucitado. Va fortaleciendo su fe y les devuelve la alegría poco a poco. Ese diálogo y enseñanza, los lleva a una actitud de confianza, a preocuparse por su interlocutor. Y le dicen: “Quédate con nosotros, porque ya atardece y va anocheciendo” (v.29). El forastero los escucha y se sienta a la mesa. Sus ojos que estaban vendados se les abren cuando parte el pan y lo reconocieron (vv.30-31). Es al partir el pan, en el compartir, cuando abrimos nuestros ojos a la realidad de la persona de Jesús. Cuando lo escuchamos atentamente con su Palabra de vida y nos sentamos a la mesa como hermanos para compartir esa experiencia profunda: Jesús es el Pan de vida, el resucitado. Él nos abre caminos de esperanza, que pasan por una profunda reflexión de fe para mirar con profundidad lo que pasa en nuestra realidad personal y social. Él nos abre los ojos ante esa realidad de niños y niñas hambrientos de pan, de amor, de afecto. Porque los excluidos, quieren que los acojamos con el pan de la dignidad, de la educación, de la libertad y de la verdad. Hay que devolver la esperanza a los pobres, no con promesas, sino con dignidad y el respeto por los derechos humanos. Los discípulos vuelven de Emaús a Jerusalén, donde existe ya una comunidad que había visto al resucitado y se integran a ser testigos del Señor de la vida. El apóstol Pedro nos recordará que ese Jesús a quienes ustedes colgaron y mataron en una cruz, Dios lo resucitó para romper las ataduras de la muerte (Hch 2,23-24). Hoy también ser discípulos y testigos de la vida, nos compromete a todos a buscar una reconstrucción moral responsable a exigir obras bien hechas, pensando en el futuro de las generaciones, cuidar la casa de la creación, organizarnos como como comunidades cristianas en buscar soluciones justas en bien de los más necesitados.

Recordemos estas palabras del Papa Francisco: “El encuentro con Dios en la oración, mediante la lectura de la Biblia y en la vida fraterna les ayudará a conocer mejor al Señor y a ustedes mismos. Como les sucedió a los discípulos de Emaús, la voz de Jesús hará arder su corazón y les abrirá los ojos para reconocer su presencia en la historia personal de cada uno de ustedes, descubriendo así el proyecto de amor que tiene para sus vidas.

Qué maravilla ver jóvenes que abrazan la vocación de entregarse plenamente a Cristo y al servicio de su Iglesia. Háganse la pregunta con corazón limpio y no tengan miedo a lo que Dios les pida. A partir de su "sí" a la llamada del Señor se convertirán en nuevas semillas de esperanza en la Iglesia y en la sociedad. No lo olviden: La voluntad de Dios es nuestra felicidad. (S.S. Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2015). (DOMINGO III DE PASCUA. A. D. 30.04.2017. LC. 24,13-35.)

   

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